“21 días sin celular”, el desafío científico del que participaron 46.000 niños y adolescentes: “El ayuno telefónico tuvo un efecto contagio”

El psicólogo austríaco Oliver Scheibenbogen lideró una investigación sobre el uso del celular y la exposición continua a las pantallas, centrada en niños y adolescentes de cuatro países europeos, que se comprometieron a no usar su teléfono durante 21 días.

Participaron 46.000 estudiantes de entre 10 y 18 años, originarios de Austria, Suiza, Italia y Alemania. El estudio, conocido como “El gran experimento del teléfono móvil Dok 1”, fue impulsado por la radiotelevisión pública austríaca.

Apagaron sus teléfonos el 4 de marzo y durante las siguientes tres semanas no lo usaron en ningún momento. Para revelar cómo se sintieron completaron de forma anónima cuestionarios divididos en tres fases: antes del experimento, ni bien lo terminaron y cinco semanas después.

El objetivo fue invitarlos a replantearse su relación con el dispositivo y descubrir nuevas formas de ocupar su tiempo, lejos de las redes sociales y la exposición continua a las pantallas

Los “Phono Sapiens”, individuos con dependencia sensorial y cognitiva a sus dispositivos

En la era del multitasking y los dispositivos tecnológicos, somos capaces de consultar las noticias con el celular, ver videos, jugar un juego en el teléfono, responder mensajes, chequear mails, preguntarle algo a la Inteligencia Artificial (IA), todo casi al mismo tiempo en una secuencia ininterrumpida.

Se volvieron indispensables en nuestra vida diaria, al punto de que algunos científicos nos llaman “Phono sapiens“. El término, con cierta perspicacia y algo de humor, hace referencia a la evolución sociológica y psicológica del Homo sapiens, generada en gran medida por la omnipresencia de los teléfonos inteligentes.

Las personas integraron tanto el celular a sus rutinas que funcionan como una extensión de sus cuerpos. Al principio solo lo usaban los adultos, pero a un ritmo vertiginoso se convirtió en un fenómeno que afectó a todas las edades y los debates se encendieron por los efectos en la salud mental de los niños y adolescentes.

El uso de pantallas táctiles comienza cada vez a edades más tempranas. Foto ilustrativa Archivo Clarín

El doctor Scheibenbogen se dedica a estudiar estas conductas desde una perspectiva psicológica y busca promover un uso saludable de los medios digitales.

“Diagnosticar y tratar el uso excesivo de teléfonos inteligentes es complejo, porque el dispositivo cumple tantas funciones, desde comunicación, entretenimiento, trabajo, navegación, consulta de fuentes educativas, que resulta difícil distinguirlas claramente”, reconoce el psicólogo.

El psicólogo Oliver Scheibenbogen lideró el estudio de abstinencia telefónica en niños y adolescentes. Foto: Dighum.wien

Vivimos en que los expertos llaman una “realidad fragmentada”, por la doble permanencia en simultáneo del plano físico y el digital. Cambiamos los tiempos de capacidad de atención y pasamos a priorizar la inmediatez, consecuencias de lo que se conoce como “la memoria el teléfono”.

Scheibenbogen estudió psicología en la Universidad de Viena, donde obtuvo el título de Máster en Ciencias en 2001. Luego se graduó como psicólogo clínico y de la salud, más adelante hizo un doctorado en psicología en la Universidad de Ciencias Humanas de Liechtenstein y Viena, obteniendo el título de Doctor en Ciencias Naturales.

Desde 1996 trabaja en el Instituto Anton Proksch, donde actualmente dirige el Departamento de Creatividad y Diseño de Vida y coordina los asuntos de la Sociedad Europea para el Tratamiento de la Dependencia del Alcohol y Trastornos Relacionados (ESTAD). Además es terapeuta de biofeedback y formador de terapeutas.

Menos celular, ¿más salud mental?

“La adicción al celular aún no es una enfermedad catalogada por la Organización Mundial de la Salud. Pero lo será. Parte de la adicción a internet se está trasladando a los dispositivos móviles y la pandemia de COVID-19 fue un factor determinante”, sentenció Scheibenbogen.

“Alrededor del 4% de los adolescentes en Austria son adictos al móvil. Los adultos pasan cuatro horas y media al día con sus teléfonos y lo consultan entre 88 y 100 veces al día”, detalló.

“La mitad de los estudiantes que participaron manifestaron tener problemas para dormir, ya fuera para conciliar el sueño o para dormir de corrido, al principio de la investigación, y después de los 21 días esas dificultades habían disminuido en un 23%”, reveló Scheibenbogen.

También en el inicio, otro dato que llamó la atención de los psicólogos es que más de la mitad de los participantes declararon sufrir síntomas de depresión leves a moderados.

“Después de tres semanas sin celular, la proporción de jóvenes sin síntomas depresivos aumentó aproximadamente un 15%”, indicó el psicólogo jefe del Instituto Anton Proksch de Viena, que supervisó el experimento junto al centro de consultoría IR&C.

“El experimento del ayuno telefónico tuvo un efecto contagio. Muchos más se unieron a la iniciativa sin haber participado directamente en la investigación”, afirmó Scheibenbogen en un comunicado, donde celebró la curiosidad y el acompañamiento colectivo que generó esta iniciativa.

En el seguimiento que realizaron cinco semanas después de la finalización del estudio, los indicadores mostraron un leve retorno general a los valores iniciales, pero sin llegar a alcanzarlos. “Esto sugiere que los beneficios de la abstinencia al teléfono podrían tener un efecto duradero”, señaló.

El especialista indicó que en esas tres semanas sin teléfono móvil hubo una mejora del bienestar mental del 18%, debido a los cambios en la calidad del sueño y la reducción de los síntomas de depresión leve o moderada.

La calidad del sueño puede verse afectada por el uso de la tecnología. Foto ilustrativa Archivo Clarín

“Tres semanas de abstinencia telefónica equivalieron a más de dos semanas de vacaciones”, comparó Scheibenbogen, a modo de metáfora del alivio mental que representó para los participantes.

La abstinencia al teléfono y el efecto colectivo

En el momento de la encuesta inicial, el 70% de los niños y adolescentes reconoció que padecía un “uso problemático” de Internet. Esa cifra se redujo al 58 % tras 21 días.

“Los estudiantes más jóvenes mostraron una mayor perseverancia que los mayores”, comentó Lisa Gadenstätter, la periodista y conductora del programa Dok 1 de la Corporación Austriaca de Radiodifusión, la única empresa de radio y televisión de servicio público de Austria, conocida por la sigla ORF.

Gadenstätter confesó que cree que el secreto del proyecto reside en su carácter colectivo. “Cuando lo haces en grupo, junto con amigos o compañeros de escuela, ellos también están pasando por lo mismo y pueden superar las fases difíciles con mayor facilidad, motivarse mutuamente, y eso ayuda muchísimo”, opinó.

La mayoría de recaídas se produjeron el primer día del estudio. “Entre los motivos principales, varios participantes indicaron que abandonaron por la insistencia de sus padres, que se quejaban de que no podían contactarlos, es decir que estos jóvenes sienten que ya no pueden comunicarse con sus amigos ni con sus padres sin un teléfono inteligente”, indicó Gadenstätter.

Los resultados de esta encuesta también mostraron un aumento en la actitud crítica o negativa de muchos jóvenes hacia la exposición temprana a las redes sociales. “Dos tercios de los estudiantes encuestados se mostraron a favor de prohibir el uso para los menores de edad”, manifestó la presentadora.

Los niños y adolescentes no son los únicos con conductas adictivas al celular. Foto ilustrativa Archivo Clarín

Scheibenbogen recomendó que los adultos hagan una reflexión personal y reconozcan también sus falencias, para poder abordar junto a sus hijos el problema del uso excesivo del teléfono.

“Si los padres le dicen a sus hijos que deberían guardar el teléfono o usarlo menos, pero ellos mismos lo están mirando constantemente, no hay un enfoque claro”, aseveró.

La honestidad puede ser la clave para dar el primer paso. “Reducir su uso a un nivel controlado implica recuperar lo perdido en el mundo digital y volver al mundo real, a las relaciones humanas auténticas, basadas en el reconocimiento, el juego y la comunicación, en lugar de la cercanía fingida a través de los servicios en línea”, destacó Scheibenbogen.

Con información de la agencia EFE.

Fuente: www.clarin.com

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